María de Pacheco, una resistente

María de Pacheco Sus apodos nos indican claramente quién fue esta dama castellana. Leona de Castilla, Brava hembra o Centella de fuego. Nació en Granada en 1496, hija de don Íñigo López de Mendoza y Quiñones, marqués de Quiñones y conde de Tendilla, y de Francisca Pacheco, fue una mujer culta, dominaba el latín, el griego, las matemáticas, las letras y la historia. Escogería el apellido de su madre al tener dos hermanas con el mismo nombre, y se desposaría con Juan de Padilla al que imbuyó las ideas comuneras y el compromiso con la causa de las Comunidades.

Padilla Su carácter de “armas tomar” hizo historia. Una mujer rebelde desde su juventud que se enfrentó a su padre al obligarla a desposarse con un caballero de inferior rango con tan solo 14 años, y que luego amó hasta el fondo de su alma. Un hombre que sería capitán de la rebelión comunera de Castilla. María fue una firme defensora de los derechos y libertades de Castilla.

Tras el levantamiento comunero y la formación de la Junta de Toledo y posteriormente la Santa Junta del Reino de Castilla en Ávila, María apoya, colabora con el movimiento y se vuelca, aún más si cabe, cuando su marido es nombrado jefe del ejército comunero.

Comuneros Villalar Después de la derrota comunera en Villalar y la decapitación de sus líderes, Padilla, Bravo y Maldonado, mantuvo la lucha desde Toledo, dirigiendo y gobernando la última ciudad rebelde. Durante nueves meses aguantó la ciudad el asedio. En septiembre y octubre de 1521 viendo el derrotismo de los toledanos ordenó incautar los cañones del Alcázar y dirigirlos sobre la ciudad. Resistencia o muerte.

Catedral de Oporto El 3 de febrero de 1522 Toledo caía en manos imperiales obligando a María a buscar el exilio en Portugal. De Toledo escapó disfrazada de labradora montada en una mula proporcionada por Hernando de Ávalos y de una esclava negra. También colaboraron en su huída su hermana María de Mendoza, condesa de Monteagudo, y de su cuñado Gutierre Lope de Padilla.

Comuneros Cuando el emperador Carlos V decretó un perdón general en 1522 para los comuneros, María de Pacheco quedó al margen del mismo por deseo imperial y fue condenada en rebeldía a pena de muerte. Siempre se negó a solicitar el perdón real o arrodillarse ante su majestad. María de Pacheco moriría en Oporto en 1531 siendo enterrada en su catedral, frente al altar de San Cristóbal. Nunca pudo regresar a su tierra, a Castilla.

María de Pacheco

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