André Chénier: un poeta en la guillotina

André Chénier: un poeta en la guillotina

André Chénier

El 25 de septiembre de 1794 Robespierre administra el Terror entre los ciudadanos franceses. Al caer de la tarde, un grupo de prisioneros sale de la cárcel de Saint-Lazare. Son conducidos en un carro a la Barriére de Vicennes para ser ejecutados en la guillotina. Entre los presos se encuentra el poeta André Chénier. Su amigo Alfred de Vigny narra su ejecución:

Guillotina

“La carga era tan pesada que tres caballos no podían arrastrarla. De hecho, y esa era la causa del ruido, a cada paso el coche se detenía y el pueblo gritaba. Los caballos retrocedían unos sobre otros y la carreta se veía como asediada. Entonces, por encima de sus guardianes, los condenados tendían las manos a sus amigos. Parecía una pequeña embarcación sobrecargada a punto de naufragar…

La carreta seguía paso a paso, lentamente, chocando, deteniéndose, pero sin remedio hacia adelante. Las tropas iban siendo cada vez más numerosas a su alrededor. Entre la guillotina y la libertad una masa de bayonetas resplandecía.

El pueblo cansado de tanta sangre, irritado, murmuraba más que al comienzo del terror, pero actuaba menos. Yo temblaba, mis dientes castañeteaban. Cogí de nuevo el catalejo y volvía a ver a los desdichados de a bordo que miraban por encima de las cabezas de la muchedumbre. Habría podido contarlos en ese momento. Las mujeres me eran desconocidas. Distinguí a unas pobres campesinas pero no a las mujeres que temía que estuvieran. A los hombres los había visto en Saint-Lazare. André charlaba mirando la puesta del sol. Mi espíritu se unió al suyo y mientras mi ojo seguía de lejos el movimiento de sus labios, mi boca pronunciaba en voz alta sus últimos versos: Como un rayo, como un proster céfiro/Animan el final de un hermoso día,/Así al pie del cadalso taño una vez más mi lira/tal vez mi hora no esté lejana.

De golpe, un movimiento violento que hizo Chénier me obligó a dejar el catalejo y a mirar a la plaza en su conjunto. Los gritos habían cesado. El movimiento de la muchedumbre se había detenido de repente. Los muelles atestados se estaban vaciando; en los extremos de la plaza corrían, como huyendo, en medio de una gran polvareda. Las mujeres se cubrían las cabezas y protegían a sus hijos con los vestidos. La cólera se había apagado. Estaba empezando a llover. Nadie intentaba impedir nada. Los verdugos aprovecharon el momento de confusión reinante. El mar estaba en calma y la horrible barca acabó por arribar a buen puerto. La guillotina levanto su brazo. En ese momento no se oyó voz alguna, no se percibió ningún movimiento en toda la extensión de la plaza. Sólo el ruido claro y monótono de la abundante lluvia, como el de una inmensa regadera. Enormes chorros de agua se extendía delante de mis ojos y surcaban el espacio. Mis piernas temblaban y me tuve que poner de rodillas.Yo miraba y escuchaba conteniendo la respiración. La lluvia era aún lo bastante trasparente para que mi lente me permitiera distinguir el color del vestido que se elevaba entre los postes de la guillotina. Veía una luz blanca entre el brazo y la tajo, y cuando una sombra invadía este intervalo cerraba los ojos. El grito tremendo de los espectadores me avisaba y los abría de nuevo. Treinta y dos veces bajé la cabeza de esa manera, rezando en voz alta una oración desesperada que ningún oído humano oirá jamás y que yo solo pude concebir. Tras el trigésimo tercer grito pude ver el traje gris de André de pie. Esta vez me resolví a honrar la valentía de su genio soportando con coraje el espectáculo de su muerte, así que me levanté. La cabeza rodó y lo que había ahí dentro se fue con la sangre.”

Marie Josehp Chénier

André nació en el barrio de Gálata, Constantinopla, en 1762, su padre, Louis Chénier, fue un comerciante que se convirtió en diplomático y su madre, Elisabeth Santi-Lomaca, una belleza griega. Tras dejar la embajada turca volvieron a Francia. Su infancia junto a su hermano Marie Joseph transcurrió en Carcasona, educándose ambos en la Universidad de Naserre. Su pasión por el mundo clásico le llevó a escribir poesía, uniendo el francés moderno con la rítmica de los antiguos. A los 21 años se alistó en un regimentó de Estrasburgo pero acabó dejándolo muy pronto para irse a Roma y continuar su carrera poética aunque sin publicar ninguna obra. En 1787 viajó a Inglaterra como secretario del embajador francés.

Gálata (Constantinopla)

En 1790 volvió a la casa paterna en calle de Cléry de París. Alli vio el triunfo de su hermano como dramaturgo y polemista político, ambos hermanos creían en el ideal revolucionario de la libertad aunque André, y sus ideas moderadas, confrontaban con las más radicales de su hermano.

París, Casa de André Chénier

André escribió artículos para revistas políticas, como el Journal de París, y estrofas satíricas sobre sus adversarios políticos. Perteneció al Club de los Feuillants, grupo de exjacobinos defensores de una monarquía constitucional con miembros tan importantes en sus filas como el Marqués de Lafayette, Abbe Sieyés y Talleyrand.

Tras el ataque al Palacio de las Tullerias, el 10 de agosto de 1792, y el rumbo republicano de Francia, André se trasladó al campo, a Normandía, de esta forma pudo librarse de las matanzas de septiembre. De ahí fue a Sartory (Versalles). André era un consultor de la defensa real cuando el rey fue atacado. Chénier se negó a detener sus ataques viscerales contra los radicales jacobinos aún cuando ellos adquirieron el poder. Algunas de sus obras más conocidas son sus ataques violentos a los radicales. Su Ode a Marie-Anne-Charlotte Corday celebra al asesino de Marat, el héroe jacobino. Mientras tanto, Marie Joseph participaba en la Convención encargada de crear la primera constitución republicana de Francia.

Palacio de las Tullerias

En marzo de 1794 dos oficiales del Comité de la Seguridad Pública que buscaban a un marqués se encontraron con Chénier en casa de la señora Piscatory, en Passy. Fue detenido y trasladado al Palacio de Luxemburgo y, posteriormente a la prisión de Saint Lazare. Acusado de crímenes contra el Estado, de conspirar con el General Dumouriez y de liderar una rebelión de presos contra el régimen del Terror fue guillotinado por orden de Robespierre, al que criticó duramente, junto a una princesa de Mónaco en la Plaza de la Nación, y enterrado en una fosa común con otras víctimas del Terror en el cementerio de Picpus. Su poesía de carácter emotiva y sensual le sitúan como uno de los precursores del Romanticismo.

Robespierre

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