Tíbet: el feudalismo “azafrán”

El feudalismo azafrán (o como vivían los tibetanos con el gobierno lama)

Mapa Tíbet-China

Hoy en día cuestionar el apoyo que recibe el Dalai Lama puede ser interpretado políticamente incorrecto. En este mundo de consumismo, en el que un grupo de famosos bien acomodados les ha dado por vestirse de “azafranes” y viajar a los monasterios tibetanos a hacer “Om” y relajarse de su estresada vida pocos se preguntan, ¿cómo vivía realmente el pueblo tibetano con la dominación de las estructuras políticas y sociales en manos de estos monjes budistas?

Lhasa

Antes de 1949 el régimen político del Tíbet era, más o menos, como el feudalismo europeo en la Edad Media. Y digo más o menos, porque realmente era más despótico y las condiciones de vida del pueblo era aún más duras de lo que fueron en la Europa en el Medievo.

En el Tíbet se estableció una forma peculiar de régimen feudal en que los grandes señores (monjes y seglares) dominaban una masa de campesinos privados de derechos y el poder político era acaparado por los jerarcas budistas. En lo más alto de la jerarquía estaba el Panchen-Lama considerado padre espiritual del Dalai Lama que era quien tenía el poder temporal. Sólo 626 personas poseían el 93% de la tierra y la riqueza nacional y el 70% de la cabaña ganadera. Entre ellos estaban los 333 cabezas de monasterios y autoridades religiosas y las 287 autoridades seculares (contando la nobleza y el ejército) y seis ministros del gabinete. La clase alta la formaban cerca del 2% de la población y el 3% eran sus agentes: capataces, administradores de sus fincas y comandantes de sus ejércitos privados. El 80% eran siervos, el 5% esclavos y 10% eran monjes pobres que trabajaban como peones para los abades y rezaban. A pesar de la supuesta regla lamaísta de no violencia estos monjes eran azotados continuamente.

Monasterio de Gyantse

Los hombres y mujeres tibetanos eran siervos de los monasterios y cómo no de su autoridad suprema, el Dalai Lama. Trabajaban alrededor de 16 a 18 horas diarias en el campo y las labores encomendadas por los monjes, y debían entregar a sus dueños el 70% de la cosecha. Si tocaban cualquier utensilio de sus amos, no fuera a ser que los contaminases, eran castigados con latigazos, no podían casarse o salir de los dominios del señor sin su consentimiento. Tanto hombres como mujeres eran considerados como animales parlantes que no tenían ni siquiera derecho a mirar a la cara a sus amos. En la capital del Tíbet, Lhasa se compraban y vendían niños como una mercancía más del mercado. En las fincas, a los esclavos se les obligaba a trabajar hasta la extenuación, se les golpeaba y se les negaba la comida. También eran común la mutilación de ojos, lengua, tendones y extremidades como castigo a ladrones, siervos que habían intentado la fuga y otros criminales.

Mao y el Dalai Lama. Pekín 1959

Las mujeres tibetanas se las llamaba “kimen”, es decir, nacido inferior. Rezaban por su conversión en varones en las próximas reencarnaciones y se las impedía mirar a los varones más allá de las rodillas. Eran numerosos los casos en los que eran quemadas por brujería. Por ejemplo, dar a luz a gemelos era considerado una prueba de haber mantenido relaciones sexuales con espíritus malignos, y en las zonas rurales era normal quemar a estas mujeres juntos con sus gemelos recién nacidos. Los señores feudales podían tener numerosas mujeres y un noble con pocas posesiones debía compartir su mujer con sus hermanos.

Tibetanos

Se arrebataba a las familias a los jóvenes y se los llevaba a los monasterios para convertirlos en futuros monjes. Una vez allí estaban obligados a permanecer de por vida en sus murallas.

Antes de la llegada de los chinos al Tíbet no había electricidad, ni escuelas, ni carreteras, ni hospitales. La desnutrición de la población era un hecho bastante común, mientras en los monasterios se quemaban alimentos como ofrenda y se acumulaban riquezas. La mortalidad infantil en 1950 era del 43%, la viruela azotaba a un tercio de la población y la esperanza de vida se situaba en torno a los 30 años. Los monjes se oponían a la utilización de los antibióticos alegando que las enfermedades se debían a los pecados cometidos y que la sanación llegaría rezando y pagando a los monjes. En 1951 el 95% de la población era analfabeta y el lenguaje escrito sólo se utilizaba para el culto religioso.

En 1950 la población tibetana se situaba en torno a los 3 millones de personas cuando mil años atrás, antes de la introducción del budismo, era de 10 millones de personas. El sistema feudal prohibía cualquier desarrollo tecnológico, no se podían usar arados de hierro, ni extraer carbón, ni cazar, ni pescar, ni cualquier mínimo intento de industrial.

Tropas chinas en el Tíbet

El actual Dalai Lama apoya con sus declaraciones una imagen idealizada del Tíbet: “La civilización del Tíbet tiene una larga y rica historia. La influencia omnipresente del budismo y los rigores de la vida en los amplios espacios abiertos de un entorno que conserva su belleza natural resultó en una sociedad dedicada a la paz y la armonía. Gozábamos de libertad y satisfacción.” Nada más lejos de la realidad, poco nos dice del feroz feudalismo imperante hasta 1949, ni unas mínimas palabras de crítica sobre las condiciones sociales de la población tibetana. Por todo esto, sin justificar, ni apoyar la invasión china del Tíbet tenemos que tener claro que futuro tendría el Tíbet con la gobernanza de estos elementos lamaístas o ¿queremos una vuelta al despotismo teocrático? Sin una absoluta crítica al sistema feudal anterior por parte del Dalai Lama, no podemos apoyar que el futuro del pueblo tibetano recaiga en personajes como éste. Una cosa es apoyar al pueblo tibetano y otra muy distinta al Dalai Lama.

Dalai Lama

5 comentarios to “Tíbet: el feudalismo “azafrán””

  1. mansureh komijani Says:

    soy irani y un vendedor de azafran.pueden ayudarme para encontrar un mercado?

  2. Andonis Says:

    Creo que la propaganda no es cosa exclusiva de los chinos y dictadoras afines, los imperios occidentales son tan mitómanos como los demás, simplemente so más sutiles para mentir-aunque no siempre- y tratándose del Tíbet se incurre en muchas medias verdades cuando no en aberrantes falsedades.Guste o no, el viejo Tíbet era un régimen despótico y bárbaro, más atrasado que Afganistán. Y en ambos casos, el origen de su subdesarrollo y falta de defensas adecuadas contra el imperialismo lo hallamos en la vieja bestia de la religión, el veneno de los pueblos.

    De modo, que a la hora de discutir el problema tibetano, hace falta mayor objetividad: una cosa es condenar la ocupación extranjera de una nación y la supresión de su cultura (sin olvidar que todas las culturas tienen aspectos repugnantes dignos de supresión) y otra, muy distinta es idealizar una infame teocracia feudal.

    Libertad para Tíbet, sí, pero abajo el fundamentalismo budista, que también es perverso y apesta.

  3. laura Says:

    ¿podrías por favor dar citas o referencias usadas?
    Gracias*

  4. Ismael Says:

    tal y como lo pintas, que lo creo por que lo he leido otras veces, como para no justificar la invasión china.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: